miércoles, 25 de abril de 2012

ALGO COMO DESAPARECERTE


(CAREY MULLIGAN, New York, New York)


Algo como borrarte para siempre, como desaparecerte.
Eso es lo que pretendían hacer contigo.
Bebíamos vino blanco -supongo que por aturdimiento- y tú me mirabas con esos ojos que dicen “no te necesito para nada”.
Los tragos eran largos y los rincones, a esas horas, ya no recogían a nadie.
Alguien cantaba muy bajito.
Veíamos llorar a hombres. No sabíamos si de alegría o de tristeza. No podíamos darnos cuenta.
Dije alguna cosa para impresionarte: “Tengo buena relación con la mafia china. Podría salvarte”.
Me sentí salvaje.
Una detective salvaje.
Desde entonces aborrezco los días idénticos a árboles. Con sus ramas interminables, ensortijadas y filosas.
Hace tiempo que puedo nombrarte sin perder la compostura.
Sin conmoverme.
Sin moverme. 

martes, 17 de abril de 2012

VILNIUS, ENVUELTO EN TRISTEZA



No tenías suficiente con tus propios sueños que decides protagonizar los míos. Este martes, tan de Vilnius y de crisis energética en Argentina, pero tan de Fitzgerald también ("Cuando oscurece, siempre necesitamos a alguien") me revientan las uñas tan rojas y tan cortas.

Abro Aire de Dylan cada tarde como quien destapa una caja de bombones y reza secretamente para no elegir el de licor, el único que me rompe la garganta de palabras que abrochan los recuerdos y las heridas en una cremallera perfecta que cierra pero no aprieta.

Me cruzo con chicos parecidos a Vilnius -es decir, parecidos al Bob Dylan más joven- y sospecho que son detectives. Ellos, naturalmente, también sospechan de mi. Y así nos pasamos las tardes y cruzamos los puentes.

Paseo por las universidades, visito museos, husmeo en los centros culturales. Busco a Vilnius. Persigo sus conferencias. Fracaso en mi intento. Todo un éxito.

En mi iPod ya sólo suena el Dylan joven que vió a montones de mujeres pero ella nunca salió de su mente y sólo creció envuelto en tristeza. Como decía Dylan -¿o era Vilnius?-, la felicidad no está entre mis prioridades y además, si tengo que estar triste hay tantos sitios a los que ir...

miércoles, 21 de marzo de 2012

1450 METROS


1450  metros.
Soy esa, la que nada en una piscina en la que el cloro baña la piel como un perfume desesperado y obsceno que no desaparece nunca.
Soy también la de los miércoles por la tarde, tan de Amélie Nothomb, tan de pipas en el parque mientras los perros recién bañados se revuelcan en el barro, tan de pintarme las uñas para no mordérmelas más o para no moderte a tí.
Que no estás.
¿Por qué no estás?
Sueño con los años veinte. Bailo fox-trot y charleston.
Me tuerzo el tobillo en el mismo ángulo en el que se torcieron las cosas entre tú y yo.
90 grados.
1450 metros.
Y el ascensor que sigue sin funcionar.

viernes, 9 de marzo de 2012

UNE MIS PUNTOS



Soy una criatura pálida enredada en las sábanas. Digo que me acuesto en la cama pero sé que lo único que hago es tambalearme. Me noto la espalda llena de manos que dibujan con los dedos figuras insólitas, forman líneas imaginarias y enlazan mis pecas, como si mi dorso fuera uno de esos pasatiempos en los que hay que unir los puntos numerados. También acostumbro a escribir palabras que no existen: futurear, bajobracear, barbarrisa…  Y detesto los ajustes de cuentas porque nunca se concilia, acuerda o conviene absolutamente nada. Y las únicas cuentas que me sirven son esos abalorios gastados que lucen algunas mujeres que estrenan días como si abrieran regalos. He ido a cortarme el pelo y  he recordado un poema de Raymond Carver, titulado Corte de pelo. He pensado en esa intimidad: te sientan cuidadosamente en la silla, te acarician el pelo aún embrutecido, te colocan suavemente una toalla robusta pero cálida sobre los hombros, ponen sus manos sobre ellos cerciorándose de que ninguna gota llegará a tocar tu piel. Y entonces –delicadamente- te preguntan por la temperatura favorita del agua, como si estuvieran a punto de bautizarte. Después llegan las caricias y el pelo enredado, el olor a camomila, las mascarillas, suavizantes y acondicionadores. Y yo me quedaría allí como una criatura pálida y silenciosa que no deja de creer que amar a ciertas personas siempre supuso un reto.

martes, 31 de enero de 2012

MIENTRAS CAEN LAS CABEZAS

La Entretenida, Julio 2011, Dublín

 

Ella todo lo dice con sorpresa. Y con revolución.

Mientras caen las cabezas me pregunto qué clase mirada tiene, como si alguien se la hubiera tachado.

¿Y si la bondad fuera una forma de la inteligencia? ¿Sería la inteligencia hija de la costumbre?

Mientras caen las cabezas, las muchachas visten trajes asustados y pasean su estupor por las calles.

Los viandantes se guarecen en las esquinas y ellas caminan como si hoy fuera día de procesión.

Mientras caen las cabezas, pienso que en este mundo pringoso habitan personas que dedican más tiempo a hacer la comida que a hacer el amor.

Personas que me quitan el hambre.

Mientras caen las cabezas y tropiezan con la cerámica robusta del plato, los dedos se manchan de mar y los líquenes fosforecen en su boca.

Romper marisco en la primera cita.